miércoles, 11 de mayo de 2011

LARGA VIDA AL REY


Cuando Bob Marley murió a los 36 años el 11 de mayo de 1981, fue enterrado con unos brotes de cannabis, su guitarra Gibson Les Paul, la biblia del movimiento rasta y una pelota de fútbol.


Todo comienza en abril del 77. En Inglaterra. Durante un partido le pisan el dedo gordo del pie derecho. El dedo le queda destrozado. Los médicos le detectan una forma de melanoma maligno. Le aconsejan que ese dedo debe ser amputado. Marley se niega. Tres años después, el 20 septiembre de 1980, visita Nueva York.  Ya es el rey. Vive en el hotel Essex House al Sur del Central Park. El tipo que dormía en un ghetto despierta en la cima del mundo. Y una mañana sale a correr. Pero cae al suelo, desplomado. El cáncer ha avanzado al cerebro, pulmones, hígado. Le dan un mes de vida. No más. Consumido, viaja a Alemania a hacerse atender por un ex médico de la SS. Mejora. Le crece el pelo y hasta vuelve a jugar. Al tiempo cae otra vez. Ya no habrá recuperación. Sólo un deseo: morir en Jamaica. Se toma un avión, pero está grave y en Miami lo atienden de urgencia. Al morir allí, en el hospital Cedar Sinai hace 30 años, Marley deja la más maravillosa obra del reggae y a nueve mujeres disputándose su herencia. Entre el desconcierto, los llantos y la primicia mundial, es llevado a Jamaica. La multitud más grande en la historia del Caribe acompaña el cuerpo. Hoy descansa ahí con una pelota.





...con el tiempo se nos fue para la cresta, 
de una ola que no para de crecer. 
Hoy tu cara está en todas las remeras,
es un muerto que no para de nacer . ...


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